| Que acaso ya lo olvidaron
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| Que acaso no dejo claro
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| Ahí Pregúntenle A Los Jefes
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| Quien es el que andaba al cien
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| Lo sabe el señor Joaquín
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| Y también Don Ismael
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| Todos esos comandantes
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| Que estuvieron a la orden
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| Que respondieron al radio…
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| Cuando les hablaba el once
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| Reclutado por el niño
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| Se miraron como hermanos
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| También le decían el indio
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| Mayor, comandante, y jefe
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| Respaldado por el R
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| También por el chaparrito
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| Reconoció al cholo vago
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| Al fantasma y al ondeado
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| Y al águila del desierto
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| Al uno, al seis, y al güerito
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| Lake tal ruso y el cinco
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| La mecha y el más pequeño…
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| El caballo del potrero
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| No se dejaba domar
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| Siempre andaba ensillado
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| Para bien o para mal
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| Peleando gano respeto
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| Jamás encontró rival
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| Pa pelear el macho prieto
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| El señor de las bazucas
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| Y en Culiacán, Sinaloa…
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| El jefe Gonzalo Inzunza
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| A la gente de la sierra
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| Su gente de la frontera
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| De Durango y Culiacán
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| Brincaban con una seña
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| Una orden del comandante
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| Solamente una señal
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| Ya marco su retirada
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| Después de tantas batallas
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| Que le marcaron su cuerpo
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| Porque peleo sin descanso
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| Ni porque andaba descalzo
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| No pudieron detenerlo… |