| Alma mía… cómo pesan en tus alas las ausencias
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| Cada día van sumando soledades indefensas;
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| Lejanías, avaricias, ansiedades y desvelos
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| Y una umbría sensación de irrealidad y desconsuelo
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| Alma mía… siempre en guardia vigilando mis entornos
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| Día a día, mitigando los abusos y sobornos
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| Candilejas que me acosan sin clemencia con su brillo
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| Y que dejan una extraña sensación en mis sentidos
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| Alma mía… qué daría por volver a verte libre…
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| Sin estrías, dolorosas de misiones imposibles
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| Como antes… por delante de mis sueños y quimeras…
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| Anhelante… de entregarte como fuera y donde fuera
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| Alma mía… cualquier día te irás yendo despacito;
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| Ya no mía… tu energía liberada al infinito…
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| Con tus velas… portadoras de la luz a todas horas…
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| Sin estelas… que te duelan, como duelen las de ahora
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| Alma mía… son tan frías las urgencias cotidianas…
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| ¡qué manía… de invertir cada presente en el mañana!!!
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| ¡qué locura… la premura de vivir en cautiverio!!!
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| Ataduras… por pavura irracional a los misterios
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| Alma mía… cuántas veces te he dejado abandonada |
| En la vía de los trenes que van sólo de pasada
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| Cicatrices… sacudidas que la vida me ha causado
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| Infelices… horas grises que los años no han borrado
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| Alma mía… menos mal que no te entregas derrotada;
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| Yo diría… que es a causa de seguir enamorada
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| ¡Sensiblera… soñadora… perdedora o tempestiva!!!
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| ¡Compañera… a pesar de los pesares, sigues viva! |