| Yo me cegué en tus ojazos
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| y fui a caer en tus brazos.
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| Y entre tus brazos yo fui feliz,
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| porque te amé con delirio.
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| Yo fui a caer en tus brazos
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| y así llegué hasta el martirio;
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| te juro que enloquecí,
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| cuando por dentro me vi,
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| y comprendí lo que hacía.
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| Quiero mirar hacia Dios,
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| aunque me muerda el dolor,
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| aunque me cueste morir.
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| El quererte se hizo un martirio,
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| cuando vi que mi casa dejaba
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| y, aunque mi alma en tus brazos quedaba,
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| te dejé, que es igual que morir.
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| ¡Cómo duele en la carne el zarpazo!
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| ¡Así duele escapar de tus brazos!
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| De tu brazos, que a mí se aferraban,
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| gritando: ¡Mi vida se irá si te vas!
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| Hoy, con el alma en pedazos,
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| temblé al pensar en tus brazos
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| y cada noche de horror grité,
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| grité tu nombre querido.
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| Quise volver a tus brazos
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| y al ver los pibes dormidos,
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| te juro que enloquecí
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| cuando por dentro me vi
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| y comprendí lo que hacía.
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| Quiero mirar hacia Dios
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| aunque me muerda el dolor,
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| aunque me cueste morir. |