| Aquí vivía un hombre ayer
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| Hoy vive sólo su hijo Manuel
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| Busca a su padre quiere saber
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| Adónde puede su llanto arder
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| Tenía cinco años el día aquel
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| Su madre dijo de viaje fue
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| Nada ha cambiado del cuarto aquél
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| Sobre la cama yace un clavel
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| A cada noche y amanecer
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| Corre hasta su cuarto buscándole
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| Su madre dice hijo Manuel
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| Tal vez mañana, tengamos fe
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| Creció soñando el día ver
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| El de su cuento de anochecer
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| Su madre entonces dijo Manuel
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| Sólo lo cierto lo ha de traer
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| (O Torres)
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| Desde esta celda donde el odio ha confinado
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| La sonrisa, amada mía
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| Yo me desangro en la ausencia de tus manos
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| Y me duermo, con tu Universo
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| Que es fuerza y vida en la esperanza de los hijos
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| Que quedaron
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| Pero si muero en la desdicha de no verte más
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| Levántate, recógeme
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| No ha sido en vano el sacrificio de la carne
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| Levántate, recógeme
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| No ha sido en vano el sacrificio de la carne
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| Hasta siempre amor
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| Hasta siempre
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| (R. Márquez — P. Valdivia)
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| Usted me busca
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| Y no me encuentra
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| Pero yo estoy aquí
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| Soy como usted
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| No he desaparecido
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| Yo soy reflejo vivo
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| Escucho trenes de prisa
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| Y gritos de vendedores
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| Usted me busca
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| Y no me encuentra
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| Pero yo estoy aquí
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| Jamás me fui
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| Juan terminó la escuela
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| Y aunque muy tarde sea
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| Irá buscando la verdad
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| Usted y él, me encontrarán
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| Ves yo estoy aquí
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| Donde jamás me fui
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| Estoy aquí
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| Y a veces canto
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| Te puedo ver sola bailando
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| Para que nadie pierda la memoria
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| Porque soy parte de esta historia
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| Están mis hijos, mi mañana
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| Mi mañana, mi mañana |