| Entre tantas pasiones que allí me esperaban
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| las virtudes de aquella mujer sin palabras hablaban
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| competía el escote en su espalda
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| con el tajo mortal de su falda
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| Lo que no se animaba a mostrar
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| lo insinuaba
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| ni un detalle librado al azar
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| su experiencia dejaba
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| y a ese as que guardaba en su manga
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| le jugué la mejor de mis cartas
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| Pude allí predecir solo con su mirada
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| que por mis caricias su piel desnudaba
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| que las consecuencias su cuerpo pagaba
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| de estar una noche a mi amor condenada
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| La invité a viajar en el tren de las ganas
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| al misterio de amar sin palabras
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| a dejar su perfume en mi almohada y en mi cama
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| a querer, con el alma
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| la piel y la sangre
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| con la fuerza de los huracanes
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| derrochando caricias como hacen los amantes
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| Al mirar su figura
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| pensé compararla
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| con la forma y con las melodías
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| que hay en mi guitarra
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| que un concierto a puerta cerrada
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| me daría hasta la madrugada
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| Yo le dije saber perdonar su tardanza
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| si con creces el tiempo que estuve sin ella pagaba
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| le propuse librar la batalla
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| aunque en ella mi vida dejara. |