| Dicen por ahí los estrategas que en la lucha
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| La mejor defensa es el ataque, que para vencer
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| Lo sabio es impedir que el enemigo sea el primero en dar el jaque…
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| Y en vista de que acechan fieros tiburones
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| Habrá que pertrecharse para la batalla, me arranco el alma
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| Y me maqueo de canalla y saco los cañones…
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| Y disparo, disparo, disparo a ver si mato alguna rata
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| Pero como no veo muy claro acabo metiendo la pata…
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| Y me sale siempre el tiro por la culata
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| Salgo predispuesto a ser más venenoso que el cerebro virulento de Maquiavelo
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| Quiero ser más alevoso que el pañuelo de Desdémona en las manos del pobre
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| Otelo…
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| Y a los que quieran coronar el Aconcagua
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| A costa de ir trepando sobre mis riñones
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| Que se dispongan a entonar sus oraciones, ¡al alpinista, ni agua!
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| Y disparo, disparo, disparo…
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| Juro por san Vito que mi meta es ser el guardaespaldas de la chica de Corleone
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| Y cuando olfateo que me están acorralando me transformo en «killer»
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| como stallone…
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| Les digo: «miserables, sois unos vampiros
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| Y espero que vayais cayendo como moscas» pero, de pronto
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| El metralleto se me enrosca y me acribillo a tiros…
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| Y disparo, disparo, disparo… |