| Estuve atento y supe controlar
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| Esa impaciencia de quien sabe que al llegar
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| Todo es distinto y menos de verdad
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| Hay mil fantasmas empeñados en gritar
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| Hay tanto ruido que no puedo ni escuchar mi voz
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| Se pierde entre la multitud
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| Prometo ser valiente y dejar de pedir perdón
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| Prometo pensarlo mejor
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| Desde aquí puedo medir la fuerza de un león
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| Dejar morir las flores secas
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| Desde el día en que crucé la puerta y me largué
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| No ha vuelto el dolor de cabeza
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| Vinieron tantos queriendo aconsejar
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| Embajadores, directores, santos y al final
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| Respiré hondo y me puse a bailar
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| Centrifugado y conectado, rabia universal
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| Hay tanto imbécil suelto, mucha casa por barrer
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| Hay tanto ruido y distorsión
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| Prometo ser guardián para los que no tienen voz
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| Prometo pasar a la acción
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| Desde aquí puedo medir la fuerza de un león
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| Dejar morir las flores secas
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| Desde el día en que crucé la puerta y me largué
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| No ha vuelto el dolor de cabeza
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| Y yo deseándote las noches más largas
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| Deseando que tus propias palabras
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| Deslicen por los cuerpos de otros
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| No, no tengo preparada una fiesta
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| No hay velas, luces
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| No hay gente buena que quiera dibujar su nombre
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| Junto al tuyo en ningún corazón
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| Desde aquí puedo medir la fuerza de un león
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| Dejar morir las flores secas
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| Desde el día en que crucé la puerta y me largué
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| No ha vuelto el dolor de cabeza |