| Cuando cantan las chicharras
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| En las pardas cina-cinas
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| Y se amodorran las chinas
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| En las sestiadas de enero
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| Se oye cantar al sandiero
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| Su pregón, en las esquinas
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| Parece de plata vieja
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| Por lo bruñida su piel
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| Como grabada a cincel
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| Lleva una marca en la ceja
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| Y jineteando en la oreja
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| El cuajarón de un clavel
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| Sandía calada
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| Sandía colorada
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| Jugosa para las mozas enamoradas
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| Vendo la sandia
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| Sandia calada
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| En la vereda arbolada
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| Cabecea algún vecino
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| Es un fogón, el camino
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| Ardiendo en la resolana
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| El carro de mala gana
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| Tira el overo cansino
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| Con sonora gambeteada
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| Cruza un tábano zumbón
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| Y sobre el verde montón
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| De las frutas apiladas
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| Hay dos sandías caladas
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| Justificando el pregón
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| Sandía calada
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| Sandía colorada
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| Jugosa para las mozas enamoradas
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| Vendo la sandía
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| Sandía calada
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| Al ver las rojas heridas
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| El mozo siniestro evoca
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| La pasión ardiente y loca
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| Que le hizo buscar un día
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| El jugo de una sandía
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| En la pulpa de una boca
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| Y al hacer la caladura
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| Clava, soñando, el facón
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| Mientras vuela el corazón
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| Hasta la novia perjura |