| La otra noche mientras iba caminando como un curda
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| Tranco a tranco, solo y triste, recorriendo el veredón
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| Sentí el filo de una pena que en el lado de la zurda
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| Se empeñaba traicionera por tajear mi corazón
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| Entre harapos lamentables, una pobre limosnera
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| Sollozando su desgracia, a mi lado se acercó
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| Y al tirarle unas monedas a la vieja pordiosera
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| Vi que el rostro avergonzado con las manos se tapó
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| Vieja Recova
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| Rinconada de sus días
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| La encontré sola y perdida
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| Como una muestra fatal
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| La mala suerte
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| Le jugó una carta brava
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| Se le dio vuelta la taba
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| La vejez la derrotó
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| Vieja Recova
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| Si vieras cuánto dolor
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| Yo la he visto cuando mozo ir tejiendo fantasías
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| Con sus sueños de alto vuelo y sus noches de champán
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| Pobrecita, quien pensara los finales de sus días
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| Y en la trágica limosna vergonzante que hoy le dan
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| Me alejé, Vieja Recova, de su lado, te imaginas
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| De la amiga de otros tiempos, qué dolor llegué a sentir
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| Lo que ayer fuera grandeza, hoy mostraba sólo ruinas
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| Y unas lágrimas porfiadas no las pude desmentir
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| Vieja Recova
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| Rinconada de su vida
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| La encontré sola y perdida
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| Como una muestra fatal
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| La mala suerte
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| Le jugó una carta brava
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| Se le dio vuelta la taba
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| La vejez la derrotó
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| Vieja Recova
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| Si vieras cuánto dolor |