| Ahora que tus besos no son cosa mía
|
| Que escribes con otro tu autobiografía
|
| Mientras yo recuento las olas del mar
|
| Tumbado en la arena de una suave duna
|
| Que si tropecientas, que si mil y una…
|
| Y a ver si con esas consigo olvidar
|
| Que arrancaste de cuajo
|
| Mi corazón sin fe
|
| Pero aún con latido
|
| Mira, un escarabajo
|
| Que bordea mi pie…
|
| Ya se va… ya se ha ido…
|
| Rompe cada ola dándose importancia
|
| Mal mirado, el mar es una redundancia
|
| Pero es refrescante, y hace tanto sol…
|
| Que, antes de que, ardiente, te envíe un saludo
|
| A nadar me llevo mi cuerpo desnudo
|
| Y un ratito a braza… y un ratito a crawl…
|
| Y, después, hago el muerto
|
| Y me dejo mecer…
|
| ¡que placer cuando flotas!
|
| Si tu amor es incierto
|
| No es incierto el placer
|
| Y, en lo alto, gaviotas…
|
| Bueno, ya me salgo, me seco, me visto
|
| Recojo la bolsa y el sombrero y, ¡listo!
|
| Gazpacho y lenguado en Casa Tomás
|
| En la mesa aún siento cierta agorafobia
|
| Pero el vino es bueno… ya vendrá otra novia
|
| Ésa de ahí, tan guapa… ésa otra, quizás…
|
| Sé muy bien que algo falla
|
| Pero, ¿acaso hago mal
|
| Engañando a la pena?
|
| Gracias mil a la playa
|
| Por su apoyo moral…
|
| Su granito de arena |