| Viejo café cincuentón
|
| Que por la Boca existía
|
| Allá por Olavarría
|
| Esquina Almirante Brown
|
| Se estremeció de emoción
|
| Tu despacho de bebidas
|
| Con las milongas sentidas
|
| De Gabino y de Cazón
|
| Histórico bodegón
|
| Del priorato y del Trinchieri
|
| Donde una noche Cafieri
|
| Entró a copar la reunión
|
| Traía un dúo de cantores
|
| Y haciendo, orgulloso, punta
|
| Dijo: «Aquí traigo una yunta
|
| Que cantando hace primores»
|
| Y con acento cordial
|
| Fue diciendo medio chocho:
|
| «Este mozo es el Morocho
|
| Y éste Pepe el Oriental»…
|
| Un aplauso general
|
| Al dúo fue saludando
|
| Y el Morocho iba templando
|
| Lo mismo que el Oriental
|
| Templaron con alegría
|
| Sus instrumentos a fondo
|
| Y el silencio era tan hondo
|
| Que ni las moscas se oían…
|
| Y entre aplausos, vino y chopes
|
| Y esta vuelta yo la pago
|
| Iba corriendo el halago
|
| Tendido a todo galope
|
| «A mi madre», «La pastora»
|
| «El moro» y otras canciones
|
| Golpeaban los corazones
|
| Con voces conmovedoras
|
| Ah, café de aquel entonces
|
| De la calle Olavarría
|
| Donde de noche caía
|
| Allá por el año once…
|
| De cuando yo, en mi arrabal
|
| De bravo tuve cartel
|
| El Morocho era Gardel
|
| Y Razzano el Oriental |