| Podemos decir que sin exageración
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| Era algo extraordinario
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| La enfermera que cuidaba al bueno de
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| Don Javier Sexagenario
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| El abuelo que enfrentaba con un resquemor
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| Perspectivas eternas
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| En lugar de rezar miraba con fervor
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| Sus magníficas piernas
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| «Para siempre esta vez,"-dijo- «me
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| Voy a echar en brazos de Morfeo
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| Ya no te veré más, no me
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| Puedes negar mi último deseo»
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| Con un hilo de voz, el enfermo expresó
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| Su voluntad postrera
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| No diremos cuál fue, sólo que ella accedió
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| ¡bravo por la enfermera!!!
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| Y fue a desabrocharse ella el quinto botón
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| De los seis de la bata
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| Que por la enfermedad, o bien por la emoción
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| Él estiró la pata…
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| Pero lo grave estuvo, en que estiró algo más
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| Y un algo tan notorio
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| Que los deudos al verlo exclamaron: ¡jamás!
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| ¡jamás iremos al velorio!
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| Ni al entierro tampoco puesto que al ataúd
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| No habrá quien le eche el cierre
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| Que fue a morir así, en plena senectud
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| Y el Krahe erre que erre
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| Nadie fue al funeral
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| Nadie llevo una flor, nadie fue al cementerio
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| Y hasta escandalizó al mismo enterrador
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| Que dijo: «Esto no es serio…»
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| Y al pobre Don Javier lo enterraron muy mal
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| Entreabierta la caja
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| La muerte lo abrazaba de un modo especial
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| Lo que tampoco es paja… |