| Wio, siempre me viene ese ruido a las diez menos cuarto
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| Cuando vienen esas ondas de manera puntual
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| Oigo radios clandestinas en un coctel agradable de noticias
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| Menos las tuyas
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| Wio, sé que la culpa la tiene esa antena gigante
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| La instalaron sin permiso y me hace el alma estallar
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| Al igual me he vuelto loco y a mi edad me ha dado por oir mil voces
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| Si acerco el oído, no podré escuchar el mar
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| ¿No ves? |
| Tan solo aquel ruido que aceptamos por verdad
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| ¿Y si el ruido es todo lo que sé?
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| Un ruido que hasta el silencio ve
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| Huyamos hoy, antes de las diez
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| Si huimos hoy, no enloqueceré
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| Wio, constelaciones de gente como un planetario
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| Vecindarios que se ignoran en sistema dual
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| Parabólicos y obsesos que en la noche se sinceran y se crecen
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| ¡Qué valientes!
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| Wio, alguien desde una terraza ha gritado «te amo»
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| Una suave interferencia, culpa al viento solar
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| Un poema embotellado que en estéreo ha aterrizado en mi inconsciente
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| Y sé… Si acerco el oído no va a aparecer el mar
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| ¿No ves? |
| Tan solo aquel ruido que aceptamos por verdad
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| ¿Lo ves? |
| Si somos dos islas en un mar que es gris ciudad
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| Di quién, ¿quién de los dos se atreverá a nadar?
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| ¿Y si el ruido es todo lo que sé?
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| Un ruido que hasta el silencio ve
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| Huyamos hoy, antes de las diez
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| Si huimos hoy, no enloqueceré |