| Llevo ya una copa de más, aquí en La Sed Mortal, cuando entra Dodó.
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| Y yo no me muevo de aquí, y aun así habré de llegar a la conclusión de que no
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| hay un ser más culpable que yo -ni lo habrá- sobre la tierra. |
| Y empiezo a pedir
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| así:
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| Por las cosas que siento y por aquellas que odio sentir;
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| por mi mala cabeza;
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| porque mi calavera, ella, no dejará de reír;
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| por las lunas nuevas;
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| por las cosas revueltas que dan vueltas dentro de mí;
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| por seis años de penas
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| y por cosas que ni tan siquiera me atrevo a decir;
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| perdón por mis pies siempre fríos;
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| por la noche pasada, y por la otra, y por aquella también;
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| perdón por el Gran Sinsentido;
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| por querer comprenderlo y, sobretodo, por no comprender…
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| Perdón.
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| Y Dodó me observa, y yo le oigo rezar así:
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| -Perdón por existir-.
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| Y amablemente invito a un güisqui a Dodó, y él me cuenta que incluso los perros
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| se ponen tristes después de eyacular. |
| Después, salimos agarrados de La Sed
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| Mortal, y es entonces cuando puedo jurar que no hay un ser más culpable que yo
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| -ni lo habrá- sobre la tierra. |
| Y |
| por dos mil años de cristiandad;
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| por tener la osadía de alimentarme y de respirar;
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| por los superdotados;
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| por el hombre tripudo y por la liberación sexual;
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| por el circo italiano;
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| por el viejo que agita una servilleta al hablar
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| y me jura y perjura que en ella
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| ha resuelto el misterio de la Santísima Trinidad;
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| perdón por la gente moderna;
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| porque corro el peligro de mirarme y perder la razón;
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| ¡perdón, por el amor de Dios!;
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| por la gran decadencia de una vida pidiendo perdón;
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| perdón por los cuatro elementos;
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| por la tierra y el agua y el fuego y la polución;
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| perdón por todos mis lamentos;
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| por Dodó y, en fin, os pido por esta canción…
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| Perdón.
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| Y os miro a los labios, y a todos oigo pedir
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| perdón por existir. |