| Un lunes se marchó, quizá para nunca volver
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| Pero dejó su corazón a su amor más fiel
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| No llamó, durante meses ni escribió
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| La mujer comprendió su soldado cayó
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| Y entre llantos suplicaba a su Señor:
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| «No le lleves, por favor»
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| Pero a sus plegarias nadie contestó
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| Y la vida se quitó
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| Lágrimas de dolor sobre un rostro sin voz
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| La batalla apagó su corazón
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| Esa estúpida guerra cruel que te arranca la piel
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| Su veneno atacó, supo vencer
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| Nadie le recibió el triste día que volvió
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| A su esposa llamó, el silencio habló
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| «Cariño, ¿dónde estás? |
| Ya no me iré nunca jamás»
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| Sobre un viejo sillón la encontró sin color
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| Y entre llantos maldecía a su Señor:
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| «¿Por qué ella y no yo?»
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| Y besándola en las manos la nombró
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| Antes de decir adiós
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| Lágrimas de dolor sobre un rostro sin voz
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| La batalla apagó su corazón
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| Esa estúpida guerra cruel que te arranca la piel
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| Su veneno atacó, supo vencer
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| (Letra: Leo Jiménez)
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| (Música: Jerónimo Ramiro) |