| Un manifiesto de esta esperanza crucificada.
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| Sonido familiar, reflejando su propia sangre.
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| Inquietante, pero intrigante.
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| Sin vigilante, sin candado,
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| sólo la dulce voz.
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| Audazmente salió
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| para ver las cosas claras.
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| Se fue antes de que pudiera ver la cara.
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| Izquierda fue la urgencia de buscar.
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| Gotas de otoño cayeron
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| sobre hojas temblorosas,
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| rojo por la partida del verano,
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| débil por la falta de luz.
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| Las hojas se rasgaron y él también,
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| mientras trataba de seguir su rastro.
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| Un viento invernal abrazó su garganta
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| e hizo todo lo posible para estrangular.
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| Lo que lo mantuvo en marcha fue lo que lo había dejado.
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| Era lo que no podía conservar.
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| Siguió buscando rastros antiguos,
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| siguiendo luces parpadeantes.
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| Este fantasma fue esculpido por su
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| deseo de decir adiós.
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| Podría dejar el cielo hueco,
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| mientras se tragaba todo su dolor.
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| casi sin aliento,
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| agarró la rama más cercana.
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| La voz reapareció,
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| y ahora estaba seguro de que era ella,
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| así que hizo lo mejor que pudo
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| para forzar sus pies a lo largo.
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| Un vestido escarlata al viento.
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| Sombras en tocones de árboles que alguna vez fueron poderosos
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| difundir rumores de su presencia.
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| La miró a los ojos y tomó su mano.
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| Este toque cálido imaginado fue su alivio.
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| Arrodillada a sus pies, lista para su sueño.
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| Ya no tenía ganas de levantarse.
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| Pon su brazo alrededor de él, no más llantos.
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| Durmió allí hasta que el frío feroz despertó
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| para borrar todas las huellas de la vida. |