| Mucho tiempo después de alejarme
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| Vuelvo al barrio que un día dejé…
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| Con el ansia de ver por sus calles
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| Mis viejos amigos, el viejo café
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| En la noche tranquila y oscura
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| Hasta el aire parece decir:
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| «No te olvides que siempre fui tuya
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| Y sigo esperando que vuelvas a mí»
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| En esta noche vuelvo a ser
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| Aquel muchacho soñador
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| Que supo amarte y con sus versos
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| Te brindó sus penas…
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| Hay una voz que me dice al oído:
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| «Yo sé que has venido
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| Por ella… por ella!»
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| Qué amable y qué triste es a la vez
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| La soledad del arrabal
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| Con sus casitas y los árboles que pintan sombras
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| Sentir que todo… que todo la nombra
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| ¡Qué ganas enormes me dan de llorar!
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| Bajo el cielo cubierto de estrellas
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| Una sombra parezco al pasar…
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| No he de verme jamás con aquella
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| ¡Qué tanto mi quiso… y hoy debo olvidar!
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| En la noche tranquila y oscura
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| Hasta el aire parece decir:
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| «Para qué recordar que fui tuya
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| Si yo ya no espero que vuelvas a mí!» |