| Escuchad, hijos de la reverencia, habla
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| ¡Una llamada de atención, una voz atronadora!
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| Ante la fatalidad que se debilita
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| Con la salvación de este mundo a la mano, regocíjate
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| Era de indignidad, condena esta era de atrofia
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| Consumir cuerpo y alma, ya no entera
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| Demacrado por la lucha y la carga sobre las espaldas rotas
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| Todavía teniendo la palabra hablada, ya no se puede escuchar
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| He aquí las putas aferrándose al borde irregular de la existencia
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| Sanguijuelas en los impíos que nunca juraron ninguna promesa
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| Ahora agarrando santos de cristal, todos bajo la misma maldición
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| La muerte de la inocencia, traicionada por los devotos
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| Violado y golpeado por el hombre, y por la espada extinguido
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| Los dedos torcidos te señalan con culpa por estar sumergido
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| Sigue el pulso menguante mientras salta sobre la compasión
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| En la oscuridad profunda debe buscar, donde duerme la bestia
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| Expulsa lo último de la calidez, da paso a la verdad desencadenada
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| Sangra toda duda persistente, toma la espina y quítala del ojo para ver
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| Era de prosperidad, celebra la era de la claridad
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| Sin piedad guardada para los esclavos, la benevolencia cavó todas sus tumbas
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| Reverenciar a los muertos y moribundos invertidos por parientes y clanes
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| Levántate, nunca caigas, y sobre todo debes mantenerte erguido
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| El veredicto se lee claro para que todos lo escuchen.
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| Para ascender despierto y reunirse por el austero
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| Hogar enconado purgado, acelerando la semilla
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| Requiere crueldad, superando la de los demonios.
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| Para que todos aseguren este credo por cualquier medio
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| El mundo espera mientras traes una raza más fría |