| Y yo llegué a tu casa temblando de miedo
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| Y te pedí el perdón que yo nunca concedo
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| Te confesé que no conseguí reemplazarte
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| Y penetré en tu alcoba después de besarte
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| Tus besos eran soles, tus manos puñales
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| Tu sonrisa y la mía se dijeron «te quiero»
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| Y brotaron las frases poco tradicionales
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| En una mujer libre y un hombre soltero
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| Y esa fue la noche más linda del mundo
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| Aunque nos durara tan sólo un segundo
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| Mas no me arrepiento porque aquel momento
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| Lo llevo grabado en mi pensamiento
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| Tu lecho en mi memoria, amigos ya viejos
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| El reloj de pared y la puerta de espejos
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| Nos vieron otra vez a los dos reflejados
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| Cometiendo uno a uno nuestros siete pecados
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| Me bebí de tu cuerpo la pal y la savia
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| Con una mezcla extraña de amor y de rabia
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| Primero nos amamos y luego lloramos
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| Y al final por exceso de amor nos separamos |