| M’hija quédate conmigo un rato
|
| Porqué andas arrastrando esa desdicha
|
| Espérame un momento y te desato
|
| Pero, qué enredo te has puesto, muchachita
|
| Qué amargos son los hechos que adivinas
|
| Qué oscura es la ronda de tu recuerdo
|
| Y en cuanto a tu corona de espinas
|
| Te queda bien, pero la pagarás muy caro
|
| Con tu mirada de fiera ofendida
|
| Con tu vendaje donde herida no hay
|
| Con tus gemidos de madre sufrida
|
| Espantarás a tu última esperanza
|
| Haz de tu puño algo cariñoso
|
| Y haz de tu adiós un «ay mi amor»
|
| Y de tu seña una sonrisita
|
| Y de tu fuga un «ya voy ya voy llegando»
|
| M’hija que pena me da de verte
|
| Dejando olvidado a tu cuerpo
|
| Muy lista, pobre boba, a dedicarte
|
| A la eterna disección de un pecadillo
|
| Mujer, desnúdate y estáte quieta
|
| A ti te busca la saeta
|
| Y es el hombre, al fin, como sangría
|
| Que a veces da salud a veces mata
|
| Y es el hombre, al fin, como sangría
|
| Que a veces da salud a veces mata
|
| Con tu mirada de fiera ofendida
|
| Con tu vendaje donde herida no hay
|
| Con tus gemidos de madre sufrida
|
| Espantarás a tu última esperanza
|
| Haz de tu puño algo cariñoso
|
| Y haz de tu adiós un «ay mi amor»
|
| Y de tu seña una sonrisita
|
| Y de tu fuga un «ya voy ya voy llegando»
|
| M’hija que pena me da de verte
|
| Dejando olvidado a tu cuerpo
|
| Muy lista, pobre boba, a dedicarte
|
| A la eterna disección de un pecadillo
|
| Mujer, desnúdate y estáte quieta
|
| A ti te busca la saeta
|
| Y es el hombre, al fin, como sangría
|
| Que a veces da salud a veces mata
|
| Y es el hombre, al fin, como sangría
|
| Que a veces da salud y a veces
|
| (Merci à Joana Levasseur pour cettes paroles) |