| Siguiendo eternamente los dictados de aquellos que son grandes
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| Cautivando las mentes de las posibilidades de sacrificio
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| Rindiendo homenaje con su sangre y su ascenso de equivalencia
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| El dinero se hace con cualquier cosa comercializada como felicidad.
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| Concebido en una nación de tontos rentables
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| Que encuentran la felicidad en la obsesión con lo no esencial
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| Los medios de comunicación pervierten la mirada del niño con sus imágenes vívidas
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| Hasta que sucumbe a este ciclo de consumismo
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| Hasta que ve una visión que no muestra nada
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| Pero la imagen artificial puesta delante de él en su vida fabricada
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| Una era de veneno para pensar que son menos de lo que son
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| Una tez llevada a la tumba
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| El niño impresionable que siempre sueña ser
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| El epítome inigualable de la perfección.
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| La imagen fabricada por la que otros aspiran
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| Se convierte en un implemento calculado de venta
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| Más profundamente se extiende la idolatría de la neurosis en una era de juventud y orgullo
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| Sensibilidad a cada juicio hecho
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| La belleza estuvo una vez en el ojo del espectador
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| Pero en estos tiempos modernos no eres criado para ser tú mismo
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| Te educan para ser igual que todos los demás
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| Tanto en la mente como en la apariencia, está hecho para la plantilla.
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| Impuesto para llenar su diseño con una semejanza perfecta
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| Independientemente de los sacrificios hechos
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| Mientras lucha por encajar en el molde formulado
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| Y para cumplir cada orden dada
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| En la búsqueda de convertirse en la semejanza
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| Del actual icono exaltado
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| La forma crítica en la que el niño se analiza a sí mismo
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| Lo entristece y destruye su autoestima
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| Y como se forma el odio por su forma física
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| Por el examen constante
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| Se materializa una brecha entre el alma y el cuerpo
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| Y toda individualidad se borra |