| En genuflexión, con ojos pálidos y brumosos, una procesión de sobrevivientes invoca
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| Sus propios últimos ritos eutanísticos, la postulación del descanso eterno inexorable
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| En benevolente conducta infrahumana, se dejan ahorcar como advertencia
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| Nuestro futuro si ahora, nuestro futuro es nunca, nuestro futuro está muerto
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| Paralítico, suspendido en los fuertes vientos sobre los edificios que alguna vez fueron altísimos,
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| ahora arrasado
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| Los restos flotando en un paraíso hadeano, yaciendo en el suelo una vez fecundo
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| Los cimientos que soportaron el peso de una pasada humanidad asidua
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| No pudimos soportar aquello en lo que nos convertimos, una máquina biótica industrial
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| Aplastando todo lo que la madre naturaleza nos ha resguardado, aprovechando
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| Todo lo que encontró fuerza para
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| Atrayendo el temor de Dios a la humanidad, oprimiendo a la población cada vez más amplia
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| Con sus cataclismos metafísicos
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| Nuestro futuro es ahora, nuestro futuro es nunca, nuestro futuro está muerto
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| El eón de la recesión ha golpeado
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| y reducirá a la humanidad al duelo
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| Incendiando vagabundeo, ahogamiento, asfixia
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| Y la abolición sin sentido de la humanidad, una fuerza ha sido criada
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| Escalando rápidamente, envolviéndonos, poniéndose carnívoramente al final perpetuo
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| Despiadado es el señor que reina en su cielo
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| Ver como la humanidad se abre camino para morir
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| El ojo desdeñoso de la providencia nos jode hasta la enfermedad
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| Expatriado en el odio desde un estado equilibrado de lástima
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| La última ciudad restante será inmolada.
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| Nuestro futuro es ahora, nuestro futuro es nunca, nuestro futuro está muerto |