| Yo no elegí jugar a este juego pero me hallo dentro
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| Condenado a ser quemado a fuego lento
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| En mi habitación cabe un infierno entero
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| Y en mi cabeza más de mil tipos de miedo
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| Soy todo lo que nunca quise
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| Cuando era lo que no quería ser
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| Lo último a lo que querrías parecerte
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| Y lo primero que jamás querrías querer
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| Si mi futuro se halla en manos de la suerte
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| Por mí que se pare el presente
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| Y que no deposite posibles glorias
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| En manos de una fortuna que me odia
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| Y si esta tormenta llega hasta los sesenta
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| Sólo espero que me falle la memoria
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| Si muero antes, que no sea tan ahora
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| Que todavía queda mucha trayectoria
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| O eso supongo
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| Porque el tiempo es un asesino reconocido
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| Sus agujas: una guadaña veloz
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| Porque el rostro de la muerte es el reloj
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| ¿Que será de nosotros?
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| ¿Si al final no va a quedar ni una sola foto?
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| Maldita ciencia que desveló la tragedia
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| Ya ni la magia me exime de la miseria
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| Diles que los quiero (díselo)
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| Si la palmo antes que ellos, si me convierto en recuerdo
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| Que no conseguí nada pero siempre intenté hacerlo |
| Y lamentar que sólo me hayáis visto enfermo
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| Si todo lo que quiero se va, nuestra ausencia será
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| Similar a nadar en un gélido mar
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| Y esperar a que se acabe todo
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| Porque siempre lloro cuando entro en razón
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| Y también cuando no, vivo inmerso en el caos
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| Aquí cada verso es de corazón
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| Convirtiendo el dolor en legado
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| Mira todo por lo que hemos pasado:
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| Lo bueno y lo malo… quiero decir lo malo
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| Ya sé que los segundos siempre vencen la balanza
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| Pero mientras un corazón late hay esperanza
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| Porque estas venas rechazaron el cuchillo
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| Y ya no quiero volver a sentir lo mismo
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| Todo se ha oscurecido pero aún queda brillo
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| En estos ojos verdes como laberintos
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| No puedo prometer un cambio
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| Como tampoco jurar la resignación
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| Pero sigo soportando los latigazos del daño
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| Siempre que en mi mirada siga viva la ambición |