| La cama de niquel donde me esperabas de muy joven
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| El radiogramófono que cogía todo
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| Cuando te llevaba a aquel café
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| «Traiga fresas con nata» decía
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| Y soberbio te miraba mientras el otro
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| Se giraba haciendo muecas
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| Mofándose de mí
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| Aquella foto que llevaba siempre encima
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| Antes que un cajón la guardase y desluciese
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| Supe así de tu muerte
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| Y recordé cada rizo
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| Y en tu semblante la suerte
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| Mi memoria saca fuera recuerdos de un sombrero
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| Sin que yo pueda elegir los que quiero
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| He tenido alegrías. |
| A veces
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| Nos dormíamos los tres
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| Yo, tu madre y tú en la misma cama
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| Cuanta inocencia, que santa Trinidad
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| Era un gesto de afecto y de respeto
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| ¡Oh memoria! |
| Porque me engañas
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| Porque como si fuese viento
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| Me echas este polvo hacia mis ojos;
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| Acariciaba tus rodillas
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| Y tu corazón reía satisfecho
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| He tenido alegrías, sí
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| Te recuerdo así, mi pobre Giulia
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| Clara y risueña
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| Impaciente me esperaba la vida
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| Y el viento muy leve de mañana
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| Se llevaba cada cosa
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| Tenía diecisiete años |