| La corona de la montaña, el espíritu de la montaña más al norte
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| Ella está atada bajo la apariencia de un búho cornudo
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| Esposa del tuerto Åme
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| La reina de la niebla en la danza de las sombras
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| Se eleva por encima de la llanura fértil
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| Del pasado del presente, de la memoria y del hombre
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| Ella está al acecho en la esquina del amanecer
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| Antiguo, siempre existiendo, nunca cesando
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| De siete robledales crecidos, de siete podridos
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| Todavía orgullosa de estar de pie
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| Forma y rasgado, como el rocío se había ido
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| Un monumento, una mano hechizante
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| Sacrificio atado, gran eterna juventud
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| En la quietud retirada, sin sueños para siempre
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| Se levantó como ella ha dibujado
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| Una puerta de entrada a donde nuestros mundos se encuentran y se manifiestan
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| Un portal a donde nuestros mundos chocan
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| Omma… Omma… Omma… Omma…
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| Omma… Omma… Omma… Omma…
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| A través de los prados, un velo de niebla
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| Como sobre las aguas peligrosas
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| Ella está vagando, fría y clara
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| Se acerca y se abraza en la desesperación y la desgracia
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| Como llegan las lágrimas de Wetur
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| Lágrima aplastante, ruina
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| La empinada pared roja, la guarida de la montaña
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| Rey Shiver, ten cuidado...
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| Y así dieron siete vueltas al monte
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| Así se dirá el destino, se cuidará su suerte
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| Omma… Omma… Omma… Omma…
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| Omma… Omma… Omma… Omma…
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| Una puerta de entrada a donde nuestros mundos se encuentran y se manifiestan
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| Un portal a donde nuestros mundos chocan |