| Veinte escandinavos a caballo, vestidos con pieles y armaduras sombrías recorren los caminos de la niebla
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| Entre las antiguas montañas, pasaje más allá de los reinos del hombre
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| Pasando criptas de reyes y magos, de sacerdotes y líderes nobles
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| Un valle lleno de niebla, viaje sin luz
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| La puerta era magnífica, como esculpida en hielo, brillando a través de la niebla.
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| velo
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| Con una luz azul de origen sobrenatural
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| Más allá había otro valle, rodeado por un muro inexpugnable de montañas.
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| Era del blanco más puro y reluciente excepto por el cielo.
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| Que era negro y sin estrellas
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| Y una pálida luna llena que se avecina colgaba en la escena de medianoche
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| Debajo hay un río congelado y árboles como esqueletos gigantes y deformes
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| Y el monumento de piedra negra en una colina de cristal
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| Bañado por la luz de la luna como una herida de viruela en la piel de porcelana
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| Adelante, siempre adelante...
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| Con las espadas desenvainadas, los escandinavos irrumpieron en el salón del castillo.
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| Espíritus de los condenados, malditos a la deriva para siempre
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| Formas infernales de piedra, garras y colmillos malvados
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| Desgarrando con sed de sangre la carne de los huesos
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| Los escandinavos caían como moscas
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| Pero solo el más fuerte, el más grande de todos, podría escalar la torre más alta.
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| (Encima de la aguja más alta)
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| En lo alto de la aguja más alta, mira fijamente la noche
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| Ver las constelaciones negras en la noche más negra
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| Las ruedas ardientes y las maquinaciones, que hacen que el mundo siga girando
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| Y el caos en lo profundo
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| Siente rabia y locura, odio hirviendo y la voluntad de sobrevivir
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| La vista se convierte en un túnel, un vórtice de estrellas sin brillo
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| Y lo que queda es el silencio… |