| Suavemente pruebo aire suicida
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| Dentro del reloj de arena de la desesperación
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| Los granos enojados me empujan hacia abajo
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| En profundas olas de arena me ahogo
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| Me arrastro sobre una línea solitaria
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| En un mundo frágil que nunca fue mío
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| Soy el gusano y busco alimento en el páramo de la pena
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| Mi corazón es un capullo alrededor de un núcleo depresivo
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| Sucia es la entrada de la eternidad
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| Gotas de sal corren de mi cara lechosa libremente
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| Esta vida construye un océano de espinas y consternación
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| Con la crueldad de este espantoso día
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| Estoy incrustado por el manto de lluvia de una noche extendida
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| En la boca del vacío que se tragará mi último orgullo
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| Debajo de este cielo patético que desprecio
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| Sé que esta dura montaña se elevará
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| En unos segundos respiro la descomposición de la tierra
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| Fría incertidumbre rodea ese camino elegido
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| Entierro fragmentos de corazón con gran desesperación
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| Ya que soy el ícono hastiado de mi auto-dominación
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| Lentamente observo que los sentimientos humanos se pudren
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| A veces me hundo en esta corriente ascendente
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| Cuando mi espíritu por la libertad eterna llora
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| Entonces la esperanza permanece en estos ojos antiguos
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| Sufro con un llanto silencioso - Por el último día que niego
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| Y la pequeña vida se ahogará desgarrada en pedazos. Estoy solo con el dolor que
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| es mi cazador
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| No puedo esperar el abrazo de la muerte, me mancharé con la desgracia
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| Y caigo de rodillas y rezo
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| A los dioses insomnes que se apartan
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| Dentro de este reino no puedo ser el rey
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| Porque lleno de pecado manos inocentes
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| Transformo la fuerza todopoderosa de mi hoja
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| A puro pandemonio y garras desenfrenadas
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| El acero helado besa la piel y las venas de mí
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| En la embriaguez del vértigo dejo libre todas las molestias
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| Las cuerdas se rompen: la quietud es el gran premio |