| Todavía recuerdo la campana de la escuela.
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| Antes de empezar otra tortura más en los banquillos
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| Las canicas en tu bolsillo, el diario lleno de miedos
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| Y cuantas falsas, cuantas oportunidades perdidas
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| Y en las escaleras mi corazón latía rápido
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| Hasta que lo sientas en tu garganta
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| Y un gran temor de oír:
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| «Hoy estamos interrogando a Giampiero, Giampiero
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| Hoy interrogamos a Giampiero, Giampiero"
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| entré a clase y me dolía la cabeza
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| Porque no sabía, porque no entendía
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| Y luego, en silencio, me escondí allí.
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| Detrás de mi pareja, delgada como una araña
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| ¡Que miedo!
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| Hoy interrogamos a Giampiero, Giampiero
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| Hoy interrogamos a Giampiero, Giampiero
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| Pero me doy cuenta de que la vida después de todo, no, no ha cambiado
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| Siempre hay una campana y un maestro un poco enojado.
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| Me acuerdo de mi amigo Giuseppe que tenía todas las respuestas.
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| Sí, tenía algunos planes, pero es empleado de correos.
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| Hoy interrogamos a Giampiero, Giampiero
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| Hoy interrogamos a Giampiero, Giampiero
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| Y te interrogaremos mañana, mañana, nosotros
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| Te interrogaremos mañana, de verdad.
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| Y todo el miedo de entender
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| La miré a la cara y ella se alejó
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| Y mi vida ahora es solo mía
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| Y para responder quisiera preguntar
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| Te interrogaremos mañana, mañana, nosotros
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| Te volveremos a interrogar, Giampiero
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| Te interrogaremos mañana, mañana, nosotros
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| Te interrogaremos mañana, de verdad.
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| Dejaremos un gran amor de por vida.
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| El sabor del coraje para empezar otra escalada
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| Y libros e historias y luego miles de millones de palabras
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| Todo claro, todo es indoloro.
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| Manos, muchas, que quiero tocar
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| Eso es como un gran viento
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| Nunca pueden parar
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| Y dejaremos un mundo lleno de emociones
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| Respeto, amor y alegría y muchas canciones. |