| El heno del caballo debajo de su cabeza
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| Nuestro Señor nació en un lecho de pesebre
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| Que todos cuyos pozos se secan
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| Podría beber de Su suministro
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| Para darle calor, las ovejas se acercaron
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| Tan agradecido por su venida aquí
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| Ven con noticias de gracia
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| ven a tomar mi lugar
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| El burro le susurró al oído
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| «Niño, en 30 y tantos años
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| Montarás a alguien que se parece a mí
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| Sin triunfo»
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| Los cardenales entonaron una canción alegre
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| Él corregirá lo que el hombre hizo mal
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| Bajando las colinas
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| para que los valles se llenen
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| Entonces «Niño», preguntaron los pájaros
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| «Bueno, ¿no son palabras preciosas las que cantamos?»
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| El pequeño bebé se acostó allí
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| Sin decir nada
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| A la distancia se encontraba una cabra sarnosa
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| Con los dientes torcidos y un abrigo enmarañado
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| Ojos cansados y desgastados
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| Cuernos astillados y torcidos
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| Pensando «quizás algún día haga amigos
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| Con las vacas y las gallinas y el rambouillet
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| Pero por ahora, me mantendré alejado
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| No tengo nada inteligente que decir»
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| Hay un letrero en el granero
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| En el pueblo de las coles
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| «cuando la lluvia arrecia
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| Y el sol se pone
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| Pecadores, entren
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| Sin dinero, ven y compra
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| Sin charla inteligente, ni un regalo para traer
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| Requiere a nuestro humilde y encantador Rey
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| Ven ahora con las manos vacías, no necesitas nada»
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| Y la noche era fresca
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| Y claro como el cristal
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| Con la serpiente furtiva en la hierba del jardín
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| Profundo gritó a lo profundo
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| Los discípulos profundamente dormidos
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| Y la serpiente se animó
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| Cuando te escuchó preguntar
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| «Si estás dispuesto a que
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| Esta copa podría pasar
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| Podríamos encontrar nuestro camino de regreso a casa
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| Tal vez formar una familia propia»
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| «¿Pero el Padre no guía al Hijo?
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| No se haga mi voluntad, sino la tuya
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| ¿Qué más hacer aquí?
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| ¿Qué más yo, sino Tú?»
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| Y la serpiente que había sostenido el mundo
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| Un palo, una zanahoria y una cuerda
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| Fue aplastado debajo del pie
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| De tu no querer nada |