| Ella esperó allí en el borde de la ciudad
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| Su cabello en un desastre y un vestido de seda
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| Pasamos un año planeando nuestro escape
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| Y juramos que seríamos los primeros en no mirar hacia abajo, nunca hacia abajo
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| Ella me miró como si nunca nos hubiéramos conocido
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| Sus ojos eran esperanza con un ligero arrepentimiento
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| Su mano en la mía estaba temblando de frío.
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| Pero sentí su fuerza cuando dijo: No miraré hacia abajo, nunca hacia abajo
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| Espacio sin medida
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| Nuestras almas entrelazadas, y de pie en el borde
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| Señor, cómo la había extrañado
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| Y la estática de su amor dentro de mi cabeza
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| Nunca necesité esos restos de una vida que dejamos atrás
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| Pero cuando la vi, supe que se acercaba a lo divino.
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| Y cuando dimos el salto, ella fijó su mirada estrellada en la mía.
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| Y con sus ojos me mostró todos mis sueños sin un sonido
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| Mientras nuestros corazones se arremolinaban cediendo a la gravedad
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| Ella dijo: Ni siquiera la muerte será el fin de ti y de mí
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| ¿No es peculiar que las cosas más extrañas puedan cambiar tu vida?
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| Su radiación invisible como el amor que viene desatado
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| Y cuando dimos el salto, ella fijó su mirada estrellada en la mía.
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| Y con sus ojos me mostró todos mis sueños sin un sonido
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| Mientras nuestros corazones se arremolinaban cediendo a la gravedad
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| Ella dijo: Ni siquiera la muerte será el final de ti y de mí.
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| No hables, sé que estás ahí
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| La calma de tu presencia, el peso de tu mirada
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| he sentido tu sufrimiento
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| Tus sueños tomando vuelo, la ausencia de alas
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| Por fin estamos solos
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| Nos llevaremos el uno al otro hacia lo desconocido
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| Mantente cerca, ilumina
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| La parte de mí que la oscuridad aún tiene que tomar
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| No te preocupes por el futuro
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| Tiempos como estos no estaban destinados a durar
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| Pero te apreciaré por siempre y este momento es eterno
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| Al igual que todo debe pasar |