| Hay luna llena sobre esta ciudad antigua
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| Un reloj de cara al color del cielo
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| Y cada calle por la que caminamos
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| Pertenece a la casa donde murió mi padre
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| Donde los prisioneros marchan en el paso de la suerte unos con otros
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| Los saqueadores ponen a prueba el límite de su reinado
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| Arrastrando su peso muerto del otro
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| Mientras reclamo mi lugar, el centro del escenario
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| He sido arrojado por la paliza de su ir
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| Encadenado a su paso invisible
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| He andado en paso de suerte sin saber
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| Mi indiferencia, mi único disfraz
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| Ahora viene a través de mí como una inyección
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| Anónimo dolor palpitante real dentro
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| Y cada pulso en mi cuerpo
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| Pertenece a la casa donde murió mi padre
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| No atrapará su espíritu en una vela
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| Encendida o viva en su brillo canalón
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| Y la muerte viene por estas calles como un escándalo
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| Doblado y golpeado, oh, un amargo golpe en el cuerpo
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| Y en bares y trastiendas sombreadas
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| Aquellos que no pueden hacer frente simplemente se drogan
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| Pero cada lugar al que me lleva esta bebida
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| Pertenece a la casa donde murió mi padre
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| Y hay luna llena sobre esta antigua ciudad
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| Los faros adormecen el estandarte del cielo
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| La lluvia hace estragos en las granjas y en el campo abierto
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| Y soy un niño luchando contra las sombras con lágrimas en los ojos
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| Y el valle cañones y truenos
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| Los árboles soplan bajo los moretones del cielo
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| Como siglos protegen el lago de mi asombro
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| Y estoy tan indefenso como un niño escondiéndose de la vida
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| Y la cara de mi mente se está desvaneciendo
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| Cuento las heridas por primera vez
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| Esta noche habrá un ajuste de cuentas
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| Estoy entrando en la casa donde murió mi padre |