| Somos el ejercito de los condenados
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| Hombres de una tierra olvidada
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| Miles de años nos han pasado
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| Y aún escucharás nuestro llanto
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| Dejamos nuestros hogares para pelear esta guerra
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| No recordamos para qué era
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| Todavía avanzamos tanto de día como de noche
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| Hasta que llegue el momento de luchar
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| Y así huyen de nosotros, nuestros parientes y nuestros parientes
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| No nos soportarán y todo lo que hemos sido
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| La sangre fluirá de nosotros para siempre y un día
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| Nuestros juramentos son rotos por sus pecados
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| Renunciamos a todo lo que podíamos dar
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| Para que nuestros hijos pudieran vivir
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| Marchamos para siempre al tambor
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| De batalla que no vendrá
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| Oímos llorar a nuestros amantes, aunque estén muertos y desaparecidos
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| Oímos a nuestros camaradas cantar esa canción eterna
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| No podemos sentir el sol aunque la mañana acaba de llegar
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| Somos solo sombras del pasado
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| ¿Encontraremos el perdón, verdad?
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| ¿Encontraremos el perdón, verdad?
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| Ten piedad de nosotros Padre perdona a todos estos hombres
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| Quien no puede sentir el sol aunque la mañana acaba de llegar
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| Somos solo sombras del pasado
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| Somos el ejercito de los condenados
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| Hombres de una tierra olvidada
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| Lo que daría por ver su cara
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| Y amarla una vez más
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| Brian Blessed recita el poema de Siegfried Sassoon
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| suicidio en las trincheras
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| Conocí a un simple soldado
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| que sonreía a la vida con una alegría vacía
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| Dormí profundamente a través de la oscuridad solitaria
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| Y silbó temprano con la alondra
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| En trincheras de invierno, acobardados y sombríos
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| Con grumos y piojos y falta de ron
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| Le metió una bala en el cerebro
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| Nadie volvió a hablar de él.
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| Ustedes, multitudes de rostros engreídos con ojos encendidos
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| Que animan cuando los muchachos soldados pasan
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| Escápate a casa y reza para que nunca lo sepas
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| El infierno donde van la juventud y la risa |